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En 2014, entró en vigor un cambio de normativa relativo al ahorro energético que supone un giro en su planteamiento, tanto cuantitativo como cualitativo, considerable y, sin embargo, apenas se habló de ello. Suponemos que se debe a la poca actividad en el sector. La nueva normativa reduce significativamente tanto la demanda de energía de calefacción o refrigeración que puede tener un edificio, como su consumo efectivo.

La demanda se controla evitando que el edificio tenga pérdidas o ganancias térmicas, es decir, que esté bien aislado. El consumo depende de los sistemas de climatización que se instalen, de su eficacia. El valor de la demanda es claramente objetivo, pero la valoración del consumo se basa en parámetros fijados y es más cuestionable su criterio de estimación, en base a los gases CO2 emitidos.

En lo referido a la demanda, implica cambios constructivos importantes, con un incremento de, al menos, el doble de espesor con respecto a los que se estaban colocando. Si antes, por ejemplo, en fachada, los mínimos exigidos estaban en 4 o 5 cm, ahora pasamos a entre 8 y 10 cm. Esto no solo incrementa el precio del material aislante en si, si no el incremento de superficie construida que conlleva. En la mayoría de los casos ni siquiera es suficiente y nos obliga a la instalación de intercambiadores de calor.

Es también significativa la mejora exigida en el aislamiento térmico de las ventanas, con lo que el uso de perfiles de aluminio con rotura de puente térmico, a secas, ya no es suficiente, si no que ésta debe tener una dimensión mínima, y, además, los acristalamientos deben ser ya por defecto bajo emisivos, con lo que sumando, sumando…el precio va aumentando. Todas estas mejoras, aunque implican un gasto extra, nos conducen a un modelo muy similar al de casas pasivas, ya implantado en Europa, en el que domohomo ya tenemos experiencia con el estándar alemán Passivhaus, que busca un consumo mínimo de las viviendas, amortizando así la inversión.

Con respecto a la limitación del consumo, lo conseguiremos utilizando sistemas basados en energías renovables como biomasa o, por ejemplo, con gases canalizados (de ahí que nos resulte poco objetivo ya que aunque en el punto de consumo es una energía limpia, no así en su extracción y distribución). Desarrollaremos un post sobre este aspecto más adelante.

Aunque puede desprenderse de este post que no estamos de acuerdo con la mejora de la eficiencia energética de nuestras viviendas, todo lo contrario. En domohomo, ya antes de ser obligatorio por normativa, trabajábamos con espesores superiores a los exigidos y explicándoles a nuestros clientes las ventajas y el ahorro posterior que supone, aunque consideramos que existe falta de labor informativa por parte del legislador.

En domohomo, consideramos que debemos dirigirnos hacia un consumo sostenible de nuestros recursos energéticos.

 

A continuación, ilustramos este post con imágenes de una casa, construida según estándar Passivhaus, en la que hemos participado como técnicos, en las cercanías de Oviedo, Aturias.

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cimentación: 20 cm de aislamiento

 

 

fachada: 16 cm de aislamiento

cubierta: 25 cm de aislamiento

planta

sección constructiva