En plena Ribeira Sacra, en las tierras de Chantada; concretamente, en la parroquia de San Fiz se ubica –Ribada-. Una pequeña bodega, en la ladera norte del río Miño. En el año 2005, arranca su andadura más profesional y comercial, de la mano de Manuel Calvo, enraizada en un terruño de larga tradición familiar.

Su actual actividad se centra en dos aspectos de la viticultura. Por un lado, la propia elaboración de vinos, prestando una especial atención a las cepas y su cuidado, huyendo de los tratamientos químicos y siendo muy respetuosos con el medio ambiente. Una apuesta por lo natural y la elaboración de vinos únicos. Como refuerzo a esta identidad y a estos valores, la bodega desarrolla también una intensa actividad turística. Se trata de una parada obligada en la Ruta del Vino de la Ribeira Sacra y una referencia en las visitas de la Denominación de Origen.

Para dar respuesta a esta incipiente y cada vez más prolífica actividad turística, era necesario completar las actuales instalaciones. En este sentido, bodega Ribada se beneficia de una situación inmejorable. el marco paisajístico del que disfruta la bodega es absolutamente incomparable. Se puede gozar de la visión sobre la vid, toda ella organizada en bancales por tratarse de una topografía abrupta, con desniveles que alcanzan el 80%. Dicha orografía obliga a un trabajo manual e impide cualquier tipo de mecanización. Esta forma de cultivo, denominada, más recientemente, como “viticultura heroica” despierta la curiosidad de mucha gente y el asombro ante tan magno trabajo. Además, se goza, en todo momento, de una visión sobre el cañón del río Miño y su ladera sur, ampliamente poblada de vegetación autóctona.

La propuesta que se plantea pretende ser una prolongación de la misma bodega. De hecho, la conexión se hace por la actual terraza y se propone una prolongación escalonada, a imagen y semejanza de los propios bancales. Para enfatizar aún más este reconocimiento y respeto a estos aterrazamientos se adoptan las líneas y geometrías de los propios “socalcos”. Todo ello, sin menoscabo de poder seguir utilizando la parte inferior de la bodega, donde se almacena gran parte de la producción, así como utensilios varios de etiquetado, embotellado, empaquetado, etc. Por supuesto, el planteamiento de esta ampliación ha de ser perfectamente compatible con el funcionamiento normal de la bodega, como lugar de elaboración de vino.

Se introduce un lenguaje arquitectónico propio, es decir, frente a la masividad de las antiguas construcciones, la mayoría pétreas, se propone una edificación totalmente liviana, donde la ligereza se imponga y no intente, en ningún caso, rivalizar con las construcciones más vernáculas. No obstante, se guarda una vinculación con la historia reconociendo la escala de la nueva construcción, las líneas de los actuales bancales y también una cubrición de idéntica pendiente a la actual bodega. La lógica de esta clara diferenciación viene motivada por las posibilidades técnicas del momento y acorde a un uso no contemplado en las antiguas bodegas, parece razonable que cada época emplee las técnicas propias de su tiempo y sepa dar respuesta a las nuevas necesidades, siempre y cuando haya una lectura y reconocimiento previo del territorio y un respeto al lugar heredado.

Más allá de ampliar unas instalaciones, el proyecto busca reforzar el valor de un territorio excepcional, impulsar el enoturismo y contribuir al desarrollo económico de una zona donde el vino, la arquitectura y el paisaje forman parte de una misma identidad.

 

Fotografías: Iván Casal Nieto