Praza, a las puertas de la almendra histórica de Santiago de Compostela se sitúa esta intervención urbana, concebida a partir de la iniciativa del Ayuntamiento de incorporar una nueva ruta a la red de Colecamiños. Estos itinerarios seguros tienen por objeto facilitar el acceso de las niñas y niños, a los distintos centros educativos de la ciudad, recorridos peatonales protegidos.

En este caso, la actuación se desarrolla a lo largo del eje que discurre por la rúa do Campiño do Carme y se prolonga hasta la Ruela da Estila, conectando directamente con el Centro de Educación Infantil y Primaria, López Ferreiro.

En este mismo punto, confluyen otras dos calles, Santa Clara y Loureiros, ambas de tráfico rodado y de cierta intensidad, ya que es una vía de acceso y suministro rodado al casco histórico. Por lo tanto, el reto de este trabajo era simultanear un encuentro amable entre un eje peatonal y otro rodado, a la vez que generar una pequeña plaza que sirviera de lugar de encuentro para los vecinos.

La solución adoptada se materializa mediante una plataforma única, pavimentada con losas de granito, que recupera la traza del enlosado preexistente. Dada la relevancia patrimonial del entorno, la intervención se plantea desde la máxima delicadeza y respeto hacia el contexto histórico, evitando gestos superfluos y priorizando la continuidad urbana.

Bajo esta premisa, los elementos incorporados al espacio son los estrictamente necesarios para ordenar y calmar el tráfico, definiendo recorridos claros sin interferir en la percepción del conjunto. La plaza se estructura a partir de la presencia de dos árboles autóctonos, robles esbeltos (Quercus robur fastigiata), y un banco macizo de granito que emerge de forma natural del propio despiece del pavimento, integrándose plenamente en el diseño del suelo.

Durante el proceso de excavación se descubrieron dos canales históricos de suministro de agua, uno de uso público y otro de carácter privativo, originalmente vinculado al Hostal de los Reyes Católicos, hoy Parador de Santiago. Como testimonio de este hallazgo y para garantizar su localización futura, se dispuso una losa de granito practicable, que pone en valor la memoria oculta del lugar sin alterar la lectura contemporánea del espacio.