Villa Marta es un proyecto de rehabilitación integral de un inmueble, situado en el tradicional barrio vigués de Bouzas. Este distrito fue, hasta principios del siglo XX, un ayuntamiento independiente y conserva una idiosincrasia muy particular, así como un notable peso patrimonial, tanto en su arquitectura más visible como en el valor arqueológico de sus cimientos. Bajo las edificaciones del casco, se localizaron los restos de una salina romana, datados entre los siglos I y III d.C.

El inmueble objeto de este proyecto forma parte de ese conjunto histórico y se encuentra en la calle Alfolíes, cuyo nombre alude, precisamente, a aquellos depósitos de sal. El edificio presentaba un alto grado de deterioro. Sus cimientos habían sido removidos y se habían dispuesto zapatas a los pies de las medianeras, lo que revelaba el inicio de una reforma inconclusa. ver situación: enlace

La fachada principal también mostraba claras adulteraciones. Una consulta en el Archivo Municipal nos permitió descubrir un proyecto de ampliación de la puerta del bajo, fechado en 1970. Esa intervención rompió definitivamente con la composición clásica de tres huecos. Además, nos hizo intuir que el uso original de la planta baja había sido residencial y no de garaje, como lo encontramos. Esta hipótesis se refuerza con la presencia de falsos techos en los que aparecieron numerosas cornisas y elementos decorativos, propios de un espacio doméstico. Esto nos llevó a concluir la pertinencia de recuperar la planta baja como vivienda.

Sin embargo, la recuperación de la planta baja, como espacio vividero, no era posible sin rescatar la existencia de un patio trasero al cual abrir luces. Éste había dejado de existir por la colmatación de planta primera y segunda. Se había procedido a una ampliación en dichas plantas de una forma muy agresiva, utilizando materiales completamente distintos e incluso adulterando la propia cubierta. Todo ello alteraba la volumetría primigenia y una lectura clara de esta edificación.

El objetivo del proyecto ha sido devolver las trazas de la arquitectura primitiva, eliminando los añadidos superfluos y preservando la esencia de los elementos aún recuperables. Se ha llevado a cabo una labor de salvaguarda, desde la estructura de madera hasta un amplio repertorio de piezas de gran valor artesanal. Todo ello se ha compatibilizado con las máximas exigencias actuales de confort, alcanzando una calificación energética B en consumo y emisiones de CO₂.